Mi Taller

Bienvenidos a mi Blog, Taller de trompeta. En él intentaré de alguna u otra manera, poder ser de ayuda a todos aquellos interesados en el aprendizaje de este hermoso instrumento. Para ello iré subiendo material ordenado metódicamente, teniendo en cuenta además lo que crea y vea convenientemente adecuado.

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"Si posees alumnos a quienes les enseñas música, ayúdalos por todos tus medios posibles a lograr sus sueños. Pero ten mucho cuidado en la manera en que influyes en esos sueños"

Friedrich Gulda


jueves, 28 de junio de 2012

75 años a pura Musica !!

La siguiente entrevista realizada al icono de los trompetistas argentinos; Fats Fernandez, muy gratamente, la encontré leyendo el diario hace solo unos días atrás. Con características mas bien de relato biográfico y anécdotas, me parece mas que interesante su lectura. Por lo cual la comparto con todos ustedes.

De sus 75 años, lleva 69 tocando la trompeta: es que empezó en la banda de los Niños Exploradores de Don Bosco, en la parroquia San Juan Evangelista de La Boca. “Ahora los llaman boy scouts, pero no todos tienen banda. En esa época parecíamos de la policía montada, con uniforme y las gorras que usan ellos, ¿viste? Íbamos todas las tardes y la banda ensayaba tres veces por semana: lunes, jueves y sábado”, recuerda Roberto Fats Fernández. 

A los 14 tocaba en vivo en las radios (El Mundo, Splendid, Belgrano) y poco después empezaría a recorrer el circuito de la Buenos Aires jazzera, si es que se puede hablar de algo por el estilo en la ciudad del 2x4.

Unos 30 años atrás la cosa se movía. “El lugar hito era el bar Jamaica, en San Martín, entre Paraguay y Marcelo T. Ahí tocaba todos los días con el quinteto en el que estaban Baby López Furst, Néstor Astarita, Jorge González y el Gato Barbieri”, cuenta. ¿Qué tocaban? “Improvisábamos. Por ejemplo...”, larga y entrecierra los ojos, levanta la mano a la altura del rostro, mueve los dedos como si estuvieran sobre las válvulas y canta la base melódica para después improvisar sobre esa misma línea. Ahí fue donde Piazzolla lo bautizó “El Troilo de la trompeta”.

Ahora hay bares y festivales  dedicados al jazz...

Estoy hablando de la época en la que los músicos cobraban un fijo por eso. Una época en la que la música era una necesidad. La gente no entraba a un lugar si no había orquesta o por lo menos un trío con piano tocando en vivo.

¿Existe un jazz porteño? En ciertos músicos está. Cuando toman una balada y hay una reminiscencia del sentimiento del tango, que no necesariamente tiene que ver con lo arrabalero. Cuando grabé Volver hacía un solo que era como la mano derecha del bandoneón. En la trompeta no se pueden tocar armonías, las armas con el arpegio. Pero yo tengo una forma de hacer una nota y que suenen dos voces, con el armónico. Son picardías, una fanfarronada permitida.

Tiene fama de difícil...

No sé si es fácil o difícil. Es el amor que tenes para dedicarle todos los días de tu vida. En la música no hay cuadros chicos, es todo Primera. Pasa que ni el violín ni la trompeta tienen sonido propio, hay que buscarlo.

Su papá tocaba la guitarra y el mandolín. Y él se las fue ingeniando para dominar los vientos. “Soy autodidacta. De chiquito me sentaba en el piano y armonizaba los temas. Pero me guío más por la línea melódica, tengo la armonía en mi cabeza. Cuando estás siguiendo una parte es un estudio de armonía sobre los acordes, no improvisación. La improvisación es la continuación de tu alma”, define. ¿Y el ritmo? “Aprendí la síncopa (una acentuación que rompe con la estructura clásica y es característica del jazz) con la música brasileña, de cuando se tocaban mambos de Pérez Prado, por ejemplo. De chico trataba de imitar la división rítmica de los músicos que escuchaba”, responde y tararea.

Fats Fernández repite que la clave para ejecutar bien un instrumento es poder cantar. “Si no, no tocás ni el timbre. Todos los músicos deberían poder cantar, es lo que le digo siempre a los chicos que vienen a verme”, reflexiona. Y sobre la nueva camada, apunta: “Los chicos de ahora conciben el jazz de otra forma. Les gusta tocar temas rápidos”.

Su trompeta también hizo vibrar a su querida La Boca, esa que llegó a tener cuatro cabarets por cuadra. Recuerda escenarios y a cada uno de los músicos con los que tocó (locales y extranjeros, con nombres que van desde Ray Charles a Wynton Marsalis). Y sigue: “Iba a visitar a menudo a Quinquela Martín. Y conversé muchos años, en esa época se llamaba ‘conversar’, con la sobrina de Juan de Dios Filiberto”.

Ahora sale poco, pero no deja de visitar el Bar Roma. “Cuando voy con la trompeta siempre aparece algún parroquiano que dice: ‘tóquese una piecita, maestro’. Y toco, claro”.

Fuente:  Einat Rozenwasser - Diario Clarín

Hasta la Próxima !!

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